domingo 5 de octubre de 2008

Violencia Intracomensal...


"Me tildáis de cruel y de glotón cuando apaleo a mi cocinero por servirme una mala comida. Pero si esta causa es demasiado trivial, ¿qué otra puede haber para pegar a un cocinero? "

-Marcial-


Después de un largo día de solo dormir y soñar contigo y con mi vida rosa -inexistente- a tu lado, lo único que deseo es verte entrar por esa puerta con un enorme ramo de flores y una caja de chocolates, o quizá un oso de peluche (aunque sepas que no me gustan), con una sonrisa grande y unos ojos enamorados, me quedo pensativa hacia la ventana y entonces me río porque pido demasiado, ¿A quien engaño? Todo mundo sabe que nunca pasará eso, que me tengo que conformar con tus pocas ganas, con tu soltería a medias, con tus sonrisas intermitentes y con tu mirada enjuiciadora cada que cometo un error de esos mínimos que tengo en tu presencia.

Ya casi es de noche y te llamo y no contestas y te odio y no lo sabes, también te amo pero lo ignoras, mis ganas aumentan proporcionalmente al número de martinis que me he tomado y tu sigues en no se donde, con no se quien, haciendo no se que; necesito una de esas cogidas desestrezantes en donde salgas de adentro de mi, en forma de sudor, de saliva y orgasmo. Desearía que tu mismo fueras quien me exorcizara de tus demonios, sería perfecto que me liberaras del secuestro en el que me tienes, sería lo mejor llegar al orgasmo de la vida gritando que te superé.

Mi comensal favorito me llamo y pues lo invité a cenar; vino, lencería, carnes frías (yo) y mi cara de pervertida estarán presentes para por lo menos hoy olvidarme un ratito de ti y de tu grillete, mínimo alguien se divertirá en el proceso de mi olvido... el.

El, aquel que me deja la marca de sus dedos en mi espalda y que tu nuevamente ignoras, ese que grita y que es muy bueno con la lengua, ese que se toma el tiempo de estimularme y hacerme gritar pidiendo que este adentro, aquel que jala el cabello y dice vulgaridades en la cama, si, el mismo que es un caballero pero que me trata como puta en el acto sexual. Hoy no fue la excepción.

El llego más temprano de la hora indicada, con un blazer arena y un olor a puro que me encanta, le dije que me esperara un rato que estaba por cambiarme, le indique que la cena estaba lista y que se podía servir, me metí a la recamara y si, entro, me tomo por la espalda y me dijo al oído, "Yo lo hago por ti", no me toco, solo me quito la ropa lentamente, rozando sus dedos con mi piel muy despacio, me puso lo que tenía pensado vestir y en cada prenda dejaba su aliento caliente y mi piel se erizaba, entonces le dije: "¿Te importa mucho la cena?" y el me respondió: "Me encantaría observarte haciendo desde las cosas más simples hasta las más sublimes". Fuimos al comedor, le serví la pasta y puse el plato fuerte al centro, el se sentó frente de mi, adopto una posición pensativa y me observaba comer, se lamía los labios, sonreía perversamente y cuando terminamos de cenar dijo: "Platicame del vino que tienes en la mesa" se acerco, lleno mi copa y se coloco detrás de mi silla, era diferente, era intrigante el no saber que haría o que hacía mientras estaba detrás mío. Mientas yo le platicaba sobre la cosecha y el hacía preguntas sobre el tipo de poda de la vid, soltó el cordel de mi cabello, me quito la copa de la mano y puso ambas detrás de la silla, las ato muy suavemente y entonces comenzó a chupar mi cuello y a poner sus manos en todos lados, se puso frente mío y empezó a desvestirme...

La noche va larga, ojos vendados, manos atadas, mordidas discretas, su lengua traviesa, las palabras fuertes, mis gemidos, sus gritos y sus manos grandes, recordaba la primera noche que pase con el, hasta que... "¿Puedo golpearte?" dijo, mi cara confundida y mi sexo húmedo le dieron una respuesta equivocadamente positiva y así lo hizo, golpeo suavemente, jalo el cabello y pidió que yo lo hiciera con el, araño mi espalda, tomaba fuerte y marcado; me gusto, me daba ordenes con palabras altisonantes, me torturaba calentándome para que le rogara que me penetrara, volvió a pegar a besar y morder, no pude más y los dos llegamos al orgasmo compartido, de ese que te hace encoger los dedos y te da una placentera sensación de falta de aire. Nos quedamos con una risa sonora, y las manos entrelazadas, me abrazo y lo hice un lado diciendo "Voy a bañarme", mientras me baño pienso que en aquello de las perversiones será mejor pensarlo dos veces, pueden ser muy traicioneras con una mujer que ni siquiera puede decidir sobre su vida sentimental, la debilidad es precursora de pecados, pero pues bueno, hasta en la tortura puede llegar un momento de encontrar la gloria, mírame a mi, amándote soy feliz, aunque sufro. El comienza a vestirse y se sienta en el sofá a ver la tele, yo salgo, le doy un beso tierno imaginándome tu rostro y nos despedimos.

Lo nuestro es algo así, ¿no crees? todos los golpes bajos en mi corazón me dan placer y los agradezco al de arriba porque me llenas la vida con tu voz aunque lo que digas sea hiriente, agradezco tus ojos marrón aunque no solo me miren a mí, agradezco tus manos que no solo son mías y agradezco el que estés conmigo para hacerme conocer la capacidad que tengo de amar...


Bon Appetite.

1 10:

  1. ... y ahora eres toda una sadomasoquista, entonces ese golpe en el ojo que te vi el otro dia, no te lo hicieron con el puño no? wow!!

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Comes y te vas...